El libro de Magda
Magda se levantó enfadada y lanzó el libro contra la pared. Aquel que siempre había sido su fiel compañero en los malos ratos, ahora parecía rebelarse en su contra. Estaba acostumbrada a que, en el momento en que se cerraban las páginas, los personajes dejaban de vivir, de comer, de hablar para ella, quedaban suspendidos hasta que por fin de nuevo abría la tapa del libro. En cambio últimamente había notado cambios. Aparecían personajes que no sabía bien como conexionarlos en la historia y los antiguos desaparecían sin dejar siquiera una nota de despedida o una señal de retorno.
Minutos antes de lanzar el libro furiosa, Magda abría el libro por la hoja donde el separador se encontraba. Su gesto fue variando desde la sorpresa hasta tal enfado ya nombrado. Ella era ahora parte del relato. Ya se sabe que hay momentos en los que uno no está preparado para recibir críticas no especialmente constructivas. Quizá fue el temor a la repentina invasión de su intimidad o el hecho de que un libro contenga la historia de su vida y poder pasar las páginas hasta ver el futuro escrito con todo tipo de detalles. Podría ser esta locura causada por los nervios la que la llevó a comprar todos los ejemplares que encontraba en las librerías de su ciudad. Poco a poco fue llenando su casa de libros, todos iguales, con el mismo formato.
Hoy he comprado el periódico. En tercera página aparece la noticia de una mujer que moría encerrada en las llamas de su propia vivienda. Al parecer tenía tanto material inflamable que le fue imposible escapar. Lo único que se recuperó de entre las cenizas era la última hoja de un libro, una de esas páginas dónde sólo aparecen tres letras: Fin.
Minutos antes de lanzar el libro furiosa, Magda abría el libro por la hoja donde el separador se encontraba. Su gesto fue variando desde la sorpresa hasta tal enfado ya nombrado. Ella era ahora parte del relato. Ya se sabe que hay momentos en los que uno no está preparado para recibir críticas no especialmente constructivas. Quizá fue el temor a la repentina invasión de su intimidad o el hecho de que un libro contenga la historia de su vida y poder pasar las páginas hasta ver el futuro escrito con todo tipo de detalles. Podría ser esta locura causada por los nervios la que la llevó a comprar todos los ejemplares que encontraba en las librerías de su ciudad. Poco a poco fue llenando su casa de libros, todos iguales, con el mismo formato.
Hoy he comprado el periódico. En tercera página aparece la noticia de una mujer que moría encerrada en las llamas de su propia vivienda. Al parecer tenía tanto material inflamable que le fue imposible escapar. Lo único que se recuperó de entre las cenizas era la última hoja de un libro, una de esas páginas dónde sólo aparecen tres letras: Fin.




2 Ruidosos:
15/4/06 20:14
a murmura…
Argh, parece uno de esos micro-relatos... de esos sádicos. Podrías haberlo hecho un poquito más largo, me interesaba saber más de esa tal Magda.
15/4/06 21:01
@Inblu murmura…
Sádico? Dónde le ves el lado sádico? Y... de verdad me estás diciendo tú eso? Sádico? xD Esta sí es buena!
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