Siete horas en 1980
Me tumbo en la cama y contemplo otra vez el techo. Reaparece ese círculo negro que se va extendiendo a lo ancho y dentro de él, el reflejo de una larga noche.
Un hombre ronca bruscamente. Otro musita y el de enfrente habla para sí mismo, burlándo los anteriores. Pero soy fuerte. El que está sentado a mi izquierda comienza a mover las manos, gestos que se repiten una y otra vez. Cada bocanada de aire que respiro es una nueva arcada. Todos en conjunto despiden un fuerte hedor. Se mezclan en la sala la desesperación, la pena y el vacío formando sombras. Pero soy fuerte. Nombres. Muchos de ellos, ordenados por edad y relación de parentesco. Leo la historia sin escribir de cada uno de ellos en una piedra. Y un clavel rojo lleno de vida a sus pies. Paradójico. Se escucha un golpe que despierta al resto. Quiero pensar que no ha muerto. El guardia de seguridad sonríe, sin el más mínimo asombro. Sonrisa de aquel que le mueve la costumbre. El hombre se levanta del suelo ensangrentado, correspondiendo la sonrisa con otra. Aquí no ha pasado nada. Soy fuerte. A pesar de que a veces crea que me va a caer el techo ennegrecido sobre la cabeza, dejándome respirar lo justo para que regrese el olor de la sala de espera.
Un hombre ronca bruscamente. Otro musita y el de enfrente habla para sí mismo, burlándo los anteriores. Pero soy fuerte. El que está sentado a mi izquierda comienza a mover las manos, gestos que se repiten una y otra vez. Cada bocanada de aire que respiro es una nueva arcada. Todos en conjunto despiden un fuerte hedor. Se mezclan en la sala la desesperación, la pena y el vacío formando sombras. Pero soy fuerte. Nombres. Muchos de ellos, ordenados por edad y relación de parentesco. Leo la historia sin escribir de cada uno de ellos en una piedra. Y un clavel rojo lleno de vida a sus pies. Paradójico. Se escucha un golpe que despierta al resto. Quiero pensar que no ha muerto. El guardia de seguridad sonríe, sin el más mínimo asombro. Sonrisa de aquel que le mueve la costumbre. El hombre se levanta del suelo ensangrentado, correspondiendo la sonrisa con otra. Aquí no ha pasado nada. Soy fuerte. A pesar de que a veces crea que me va a caer el techo ennegrecido sobre la cabeza, dejándome respirar lo justo para que regrese el olor de la sala de espera.




7 Ruidosos:
26/1/06 19:24
a murmura…
Jejeje, "la olor"... pues al final te van a localizar :P
26/1/06 21:26
Fernando murmura…
No dejes que las manchas del techo te dominen: eres fuerte.
Gracias por añadirme, te seguiré la pista.
Un saludo
(La canción que tienes es preciosa)
26/1/06 23:16
Nerium murmura…
Cosas así te marcan, aunque afortunadamente a veces no te afectan demasiado cerca. Y es que el sentimiento que provocan, conozcas o no a algún afectado directo, es una mezcla de impotencia, rabia, dolor y miedo; es un sentimiento que no se va, se queda ahí siempre, una herida que no se cierra.
Y sobre todo, lo que más impacta es el sinsentido, que no hay un porqué razonable de por qué cosas como ésta tienen que pasar.
27/1/06 11:54
Sometimes Inviting Eyes murmura…
Estos retazos que escribes tienen la virtud de envolverme en ellos de forma que temo un cielo que nunca he visto y siento el olor que nunca he imaginado. Felicidades. Ciao
27/1/06 13:42
@Inblu murmura…
A: Que tire la primera piedra el que nunca se equivoque... pero a mi no!
Fernando: Un placer, creo que tu blog merece la pena. Y gracias por ser de los pocos que escuchan las canciones que subo!
Nerium: No existen explicaciones ni excusas para este tipo de cosas que por desgracia pasan. Nunca me ha tocado vivir cerca de algo así, pero como dices, cualquiera que no tenga corazón de piedra se siente afectado.
Sometimes: Vaya, gracias guapa. Me ha hecho mucha ilusión!
27/1/06 13:56
Giulietta murmura…
¿Qué decir que no hayan comentado ya?
Es una pena tener que recordar estas tragedias, pero también es necesario no olvidarlas...
27/1/06 14:23
@Inblu murmura…
... y podemos decir con seguridad que hay gente que no se va a olvidar nunca.
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