26 aprile 2006

Blog en conserva

Incluso los envasados al vacío tienen fecha de caducidad. Por eso no voy a decir adiós, ni voy a despedirme a lo grande. Sólo un hasta pronto, un hasta algo. Posiblemente un "hasta que termine exámenes", o quizá antes. No lo sé. Mi objetivo es dejar a las neuronas concentradas en lo que toca y si, por alguna de aquellas, me piden un respiro, volveremos en forma de post.
Que quede claro que una cosa no implica otra y seguiré dando paseos blogueriles en silencio, como normalmente hago, o puede que dejando algún comentario aquí o allá.
Nada más. Ya conoceis mi email y todo eso.

Gracias a todos por estar ahí.

15 aprile 2006

El libro de Magda

Magda se levantó enfadada y lanzó el libro contra la pared. Aquel que siempre había sido su fiel compañero en los malos ratos, ahora parecía rebelarse en su contra. Estaba acostumbrada a que, en el momento en que se cerraban las páginas, los personajes dejaban de vivir, de comer, de hablar para ella, quedaban suspendidos hasta que por fin de nuevo abría la tapa del libro. En cambio últimamente había notado cambios. Aparecían personajes que no sabía bien como conexionarlos en la historia y los antiguos desaparecían sin dejar siquiera una nota de despedida o una señal de retorno.
Minutos antes de lanzar el libro furiosa, Magda abría el libro por la hoja donde el separador se encontraba. Su gesto fue variando desde la sorpresa hasta tal enfado ya nombrado. Ella era ahora parte del relato. Ya se sabe que hay momentos en los que uno no está preparado para recibir críticas no especialmente constructivas. Quizá fue el temor a la repentina invasión de su intimidad o el hecho de que un libro contenga la historia de su vida y poder pasar las páginas hasta ver el futuro escrito con todo tipo de detalles. Podría ser esta locura causada por los nervios la que la llevó a comprar todos los ejemplares que encontraba en las librerías de su ciudad. Poco a poco fue llenando su casa de libros, todos iguales, con el mismo formato.
Hoy he comprado el periódico. En tercera página aparece la noticia de una mujer que moría encerrada en las llamas de su propia vivienda. Al parecer tenía tanto material inflamable que le fue imposible escapar. Lo único que se recuperó de entre las cenizas era la última hoja de un libro, una de esas páginas dónde sólo aparecen tres letras: Fin.

09 aprile 2006

Nada

Se puede llamar rutina, aburrimiento, momento de deterioro mental más que físico, lapsus, pausa... no sé, podría darle mil títulos a este post absurdo. Será cosa de la primavera, la falta de ganas, la ausencia de musas. Será que Nada se ha quedado a vivir conmigo y la Nada me inunda. O que es más fuerte la decepción de las situaciones que la de las personas. Puede que una mezcla de todo con un mucho de Nada. Será que necesito un minúsculo cambio en mi vida, un Algo o que Todo vuelva a casa. O también el hecho de rebuscar un porqué a una lágrima sin sentido que se descuelga cansada por no encontrar la respuesta. Salir por salir y despertar por despertar. Será... que no pasa Nada.

23 marzo 2006

Ironías

No hacía ni media hora que perdían todas las buenas formas por la caza a empujones de unas pocas botellas libres de tasas. Un escenario bastante ridículo sin faldas ni tacones.
Ahora, perfectamente embutidas en sus vestidos de estampado negro con florecillas rojas, zapato fino de salón y toques de polvos mágicos antiarrugas, se dirigían escaleras arriba, directas a por sus respectivas presas entre baile y baile.
Servidora, que olvidó el secador de pelo en casa y temía que un resfriado estropeara el resto de la semana, se escondía en uno de los baños públicos más alejados a intentar quitarse algo de humedad bajo los secadores de manos. Y allí que entró una de estas mujeres perfectamente adornadas como árbol de navidad, con su perfecto rostro pintado y gesto de espanto. Se le debió correr el rimel a la pobre señora con el susto…

21 marzo 2006

Kiitos

Un libro que casi quiero olvidar en uno de los compartimentos de tu mochila de viaje esperando aumentar el latido de una sonrisa perfecta del que lo encuentra. Y pasar de nuevo la página junto a un café aguado que se derrama por los círculos que dibuja mi cuchara en tu ombligo. En un país donde todo se congela excepto el tiempo. Éste parece ir más deprisa, como si temiera ser perseguido. Intenté no levantar sospechas y cazarlo para ti, pero no se deja. Entonces llegó mi avión y tragando el nudo que envolvía mi garganta cerré tus labios con un hasta luego que, como venganza del tiempo, ahora cansado, parece quedarse suspendido.

04 marzo 2006

Nocturno

Algunas veces me vuelvo a perder en ese pasillo. Sólo hay dos focos: uno en cada extremo. Pero se difuminan las sombras de las habitaciones, los movimientos de la impotencia ante los gritos que no cesan. Detrás de cada puerta un sollozo, desesperación y una súplica. En ocasiones, dormir es algo más que un placer. Es una necesidad o un alivio. Y desde aquí, desde el final del pasillo, todavía escucho el roce de una lágrima que busca el camino a la almohada. Quisiera no ser espectadora en esta función.

Se cierra el telón.

24 febbraio 2006

Más manías

Escapa entre las rejillas de la calefacción y revolotea a sus anchas a lo largo del autobús siendo el centro de atención en un ambiente de somnolencia y silencio matutino. Finalmente la pelusilla blanca se posa en la cabeza del hombre que está sentado delante de mí. Tiene el pelo bastante corto y moreno, por lo que la hace aún más visible. Ahora las miradas se fijan en mí, como esperando que actúe. Este hombre tiene la cabeza inclinada hacia un lado. No sé si lee algún libro que sujeta entre las piernas o bien duerme tranquilo esperando llegar a la última parada. Siempre me ha resultado incómodo que la gente se duerma en un transporte público. En ocasiones yo también me he dejado vencer por el sueño, no es ese el problema. Es sólo que me preocupa que puedan dejar atrás su parada sin darse cuenta y tampoco es algo que debiera importarme. Pero entonces me pasan ciento una situaciones por la cabeza, en las que esta persona en concreto debe llegar puntual a su destino por trabajo, una cita importante, un reencuentro o un simple café con la persona que desea conquistar. Tampoco considero oportuno ponerme a dar golpecitos en el brazo a un desconocido y entonces, ante este dilema, toso o me dedico a abrir y cerrar la molesta cremallera del bolso.
Mucho menos iba a quitarle la pelusa que me gritaba desde su cabeza haciéndome imposible pensar en otra cosa. Así que, me bajé del autobús.